Cada día el ser humano tiene la asombrosa capacidad de sorprender a sus semejantes con detalles pintorescos. La historia que les voy a contar no pasa de ser una mera anécdota hoy en día (aunque afirmar esto sea, cuando menos, una lástima).

Imagínense la siguiente escena:
Un día soleado en Ribeiräo Preto, una ciudad situada a 313 Km. de la capital de Brasil (al Noroeste del estado de Sâo Paulo) y que presenta buenos indicadores sociales (salud, educación y saneamiento), además de una localización privilegiada, próxima a importantes centros consumidores y productores. Durante el día de ayer, las cámaras del circuito cerrado de un Supermercado de la ciudad detectan algo por desgracia bastante habitual: filman a un joven mientras cogía 7 cepillos de dientes y los escondía entre sus ropas (lo habitual es que robe algo, no precisamente los cepillos de dientes...que les veo venir...).

Hasta aquí, todo parece "normal". Se activa el dispositivo de seguridad, que se percata del robo a través de las cámaras y rápidamente avisan a la policía (y ustedes dirán...¿Y qué tiene esto de novedoso si por mi supermercado también pasan estas cosas y hasta más gordas incluso?).

El joven logró zafarse de los securitas y salió a la calle con su botín, pero pronto fue interceptado por efectivos de la policía, que lo detuvieron e identificaron como Ednor Rodriguez, de 32 años de edad.

La mayúscula sorpresa que se llevaron los empleados del supermercado y la policía, fue que mientras el detenido aseguraba que él no había cogido nada, todos se percataron de que el susodicho caco, que acabó admitiendo el robo de los cepillos...¡¡¡¡¡NO TENÍA DIENTES!!!!!.

Mientras era trasladado a la comisaría local, el pobre delincuente no paraba de repetir lo mismo: "No sé por qué lo hice, si no tengo dientes. Sé que se trató de una estupidez...¿en qué estaba yo pensando?". Evidentemente, no solo la policía se estaba haciendo la misma pregunta...