Varias veces uno tiene la impresión de estar encerrado en un mundo en el que las cosas más complicadas tienen una solución tan fácil que te ofuscas en creer que sea la correcta. Incluso nos asombramos de la suerte que puedan tener algunos en un momento de su vida sin ni siquiera haber llegado a leer un libro (y afirmarlo sin ruborizarse, pero claro...¡con la pasta que tiene!...) y supuestamente haber escrito su autobiografía, jejeje...

A muchos nos da verdadero asco el tema del acoso sexual, que en la mayoría de las ocasiones proviene por parte de hombres a mujeres... Pero, ¿no es más noticia cuando se produce al contrario? Se dan más casos de los que realmente conocemos en los que la protagonista que se dedica a acosar al hombre es una mujer, y normalmente suele ser una bien situada económicamente y con mucho "poder" (incluso mezclándolo con el famoso "mobbing"). Da igual que seas la titular nº2 del juzgado de Caracas (Venezuela), porque gracias a Dios la justicia también recae sobre quien la imparte (si no fuese así, este mundo sería una jaula de grillos...)

Después de tanta palabrería y sinsentido, les referiré la historia que me ha llamado la atención leyendo el Canarias7, uno de los periódicos que habitualmente caen en mis manos (o en mi ordenador en su versión digital...). Situémonos en la ciudad de Bulawayo (la 2ª ciudad más importante de Zimbabwe). ¿Se acuerdan del chiste que dice: "Oye, guapa...Tú que entiendes de electricidad... ¿Me puedes decir si esto es corriente?..." enseñándole su miembro viril? Pues algo así ha sucedido con una pareja de jóvenes que mantenían relaciones íntimas en una caseta que contenía un transformador eléctrico en su interior.

Al parecer, la pareja se metió en la caseta para dar rienda suelta a su "eléctrica" y fogosa pasión. De repente, un joven que pasaba por la zona escuchó una fuerte explosión que provenía del transformador y corrió para ver qué era lo que pasaba. Al oir gritos dentro de la caseta (similar a la de la foto), se decidió a abrir la puerta, descubriendo a la mujer gravemente quemada, pero aún con vida. Su joven pareja presentaba quemaduras en las manos. Rápidamente se avisó a las ambulancias y policía para tratar de salvar la vida de la mujer (que fallecería poco después en un hospital de la ciudad) y resolver la causa del suceso.

Lo curioso del caso es que tres años antes sucedió un hecho de similares características en Chitungwiza, una ciudad situada a 25 km de Harare, la capital de Zimbabwe. Allí, un vigilante resultó igualmente electrocutado mientras mantenía relaciones sexuales con una joven junto a un transformador...

Así que, amigos, la moraleja de esta historia está clara. Como dijo el diplomático y economista italiano del siglo XVIII Abate Galiani: "Existe, en verdad, un magnetismo, o más bien una electricidad del amor, que se comunica por el solo contacto de las yemas de los dedos"... Pero oiga, tampoco hay que pasarse...